Era noble y cortés y se alejaba con elegancia de aquellas personas que trataban de aprovecharse de un modo u otro de el.Su cara reflejaba cansancio, un aire de preocupación y cierta melancolía como aquella de los sabios que a media tarde habitan los bancos de piedra en las sombras de los pueblos recónditos de castilla.
Nunca había pedido dinero a nadie pero siempre le habían robado de una u otra forma.
Nunca había hecho las cosas mal pero la realidad le decía que no tenia nada en su poder: Ni casa, ni tierras, ni dinero, ni amor, ni siquiera un trabajo digno que le llenase de verdad. Creía que algo había hecho mal y que no era lógica esa situación después de todo lo que había dado.
Había preguntado a todas las personas que conocía el porqué de su desdicha, había consultado adivinos, gente que le leyera las cartas o le marcase el camino a seguir según las líneas de su mano o los posos del café. Solo quería encontrar un camino, una guía, una misión y sobretodo un sentido a su desdicha.
Un día sonó el teléfono a las 3 de la mañana y la noticia le sobrecogió del todo.
-Han muerto todos en el accidente, no se pudo hacer nada por salvarlos.
En ese momento pensó que su situación no podía ser peor, se armó con el poco valor que aun le quedaba y se acercó a la ventana del balcón de su casa. Subió el primer pie a la cornisa y en ese instante divisó en la mesa de la sala aquella brújula pequeña que un buen amigo le regalo hace unos años. Paró su ritual macabro para prestar atención a ese objeto insignificante y brillante que podía demorar (porqué no!!!!) dos minutos su decisión de quitarse para siempre de en medio.
Había preguntado a todas las personas que conocía el porqué de su desdicha, había consultado adivinos, gente que le leyera las cartas o le marcase el camino a seguir según las líneas de su mano o los posos del café. Solo quería encontrar un camino, una guía, una misión y sobretodo un sentido a su desdicha.
Un día sonó el teléfono a las 3 de la mañana y la noticia le sobrecogió del todo.
-Han muerto todos en el accidente, no se pudo hacer nada por salvarlos.
En ese momento pensó que su situación no podía ser peor, se armó con el poco valor que aun le quedaba y se acercó a la ventana del balcón de su casa. Subió el primer pie a la cornisa y en ese instante divisó en la mesa de la sala aquella brújula pequeña que un buen amigo le regalo hace unos años. Paró su ritual macabro para prestar atención a ese objeto insignificante y brillante que podía demorar (porqué no!!!!) dos minutos su decisión de quitarse para siempre de en medio.
Volvió al piso, abrió lentamente la tapa y mientras se movía la aguja de aquella brújula, reflexionó un minuto sobre ello.
Estaba claro, la respuesta estaba allí
Salió por la puerta y nunca mas volvió…..







